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¿Para qué sirven y cómo se complementan?
El PAP (Papanicolaou) detecta cambios en las células del cuello uterino que podrían evolucionar hacia lesiones precancerosas. La colposcopía permite observar el cuello con aumento y, si es necesario, tomar biopsias dirigidas. Según el resultado del PAP y tu historia clínica, la profesional puede indicar una colposcopía para completar el estudio.
¿Cuándo iniciar los controles?
- Inicio de controles: generalmente a partir de los 21 años o tras el inicio de relaciones sexuales, según evaluación clínica.
- Embarazo y puerperio: la indicación es individualizada; muchas veces se continúa el tamizaje con criterios específicos.
- Después de los 65 años: puede considerarse suspender si hubo controles adecuados y resultados normales durante los últimos años, siempre bajo indicación médica.
Intervalos sugeridos (orientativos)
- PAP de control: la periodicidad se define según edad, antecedentes y resultados previos.
- Test de VPH y co-test (cuando corresponda): el intervalo puede extenderse si los resultados son negativos y el riesgo es bajo.
- Colposcopía: se solicita ante resultados anormales o hallazgos clínicos que requieran evaluación ampliada.
Si el resultado no es normal, ¿qué sigue?
- Resultado indeterminado o de bajo grado: suele requerir repetición a corto plazo o colposcopía.
- Alteraciones de alto grado: la colposcopía con biopsia orienta la conducta a seguir.
- Infección por VPH: el seguimiento y las conductas dependen del tipo de VPH y de la combinación con los resultados citológicos/colposcópicos.
Cómo prepararte para el PAP y la colposcopía
- Idealmente, evitá el estudio durante la menstruación.
- 48 horas antes, evitá relaciones sexuales, duchas vaginales o cremas intravaginales, salvo indicación.
- Llevá tus resultados previos si los tenés: ayudan a contextualizar los hallazgos.
Seguimiento y continuidad del cuidado
Un resultado normal es una buena noticia, pero no implica “olvidarse” del control. Mantener los intervalos recomendados, actualizar vacunas (cuando corresponda) y sostener hábitos saludables son pilares de la prevención a largo plazo.